Template Styles Style switcher

Colors

Background Image

Home / Noticias / LA MIRADA SIEMPRE NOS HABLA DESDE EL CORAZÓN

  • wpfecupalAdmin
  • 17 Views
  • 0 Comment
  • No tags

“Más alla de una mascarilla”

La protección de la mascarilla nos hace perder el perfil del rostro humano: al mismo tiempo vuelve más intenso el lenguaje de los ojos. Encontré en un editorial de estos días firmado por Pierangelo Sequeri, publicado en “Avvenire” del día 4 de Abril 2020, un testimonio que nace de una palabras de una paciente dada de alta y dirigidas a médicos y enfermeras: “Cuando volveré a encontrarles nuevamente no recordaré sus rostros, pero reconoceré sin fallar a sus  ojos”.

La experiencia de una nueva profundidad de la mirada que toca al alma es confirmada, por las repetidas declaraciones del personal de salud que viven desde cerca la emergencia terapéutica más dura: “El paciente en el momento de la dificultad se da todo con los ojos: comunica la angustia de la soledad y la solicitud de una proximidad”.

En estos días muchos de nosotros experimentan el duelo  por no poder acompañar la muerte de un ser querido con una última mirada de amor. Estamos confiando nuestros sentimientos a la mirada de alguien, que lo lleva a cumplimiento por nosotros, por encima de la mascarilla.

Una mirada humana cambia la vida… y hasta el morir humano. La ciudad moderna cultiva miradas indiferentes y que golpean neciamente, miradas severas que se niegan a un encuentro empático y fraterno. El virus que nos amenaza busca aprovecharse: siembra miedo en el encuentro con el otro. En una sociedad del entretenimiento que se juega en palabras y se vuelve exhibicionista, donde todos buscan mirar superficialmente la vida cotidiana y nadie mira ya al alma en los ojos, la soledad nos ahoga invisiblemente.

La mirada es algo que nos acompaña en cada instante, pero le damos poco valor.

La mirada es uno de los signos fundamentales de la persona: no revela solo la expresión del rostro, sino que es el signo de algo más profundo e interior que sobresale y nos encuentra. Los ojos son instrumentos de lenguaje no verbal y nos comunican: odio, amor, tristeza, rencor, serenidad interior, tranquilidad, inquietud, paz.

En cada primer encuentro buscamos comprender la realidad. Antes de empezar a escuchar lo que el paciente quiere comunicar, nos sentimos golpeados por su mirada e intuimos su estado de ánimo.

Cuanta necesidad en cada cuidador paliativista, sentirnos acompañados por miradas buenas, que reconozcan nuestro valor, que nos sostengan, que nos acompañen con afecto y libertad.

Jesús, en el Evangelio, enseña a reconocer una profundidad extraordinaria en la fuerza de la mirada. La mirada no solo ayuda a expresarnos, nos transforma.  La mirada cambia la vida. “El ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado” (Mt 6,22). “Y si tu cuerpo entero está iluminado y no hay en él nada oscuro, todo el brillará como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor” (Lc 11,36). En la obligación del presente, que nos impone aislamiento y distancia, tenemos la ocasión para entrenarnos en la búsqueda de las fuentes de luz en las personas y en las cosas de la vida.

Aprendemos a envolver de miradas buenas los que están golpeados por los obstáculos absurdos que impiden recibir ayuda: con tal intensidad que todos sientan que nosotros somos testigos sensibles de lo que viene realizado al más pequeño entre nosotros. Aprendemos a apreciar todo el trabajo humano escondido por las formas de la cosificación y del provecho. Aprendemos a mirar nuestra misma condición humana, frágil y sensible, con una mirada que le quiere y sabe compadecerse por ella,  a cualquiera que sufra por sus heridas.  El Padre, que ve también en el secreto, enjugará toda lágrima y colmará de esperanza nuestra mirada buena. Ni una se perderá.

Aprendamos a alimentar, cada día, miradas buenas y nos convertiremos, cada día, en personas mejores.

Será nuestro orgullo de sentirnos humanos, no histéricos y embrutecidos, de no ser superhombres.  Cuando seremos libres de la obligación, sabremos finalmente que hacer de la libertad.

Entrenémonos desde ahora a mirarnos todos, nuevamente, con ojos que comunican humanidad vulnerable y proximidad disponible, por encima de las mascarillas, aunque jamás nos conocimos, aunque nos toquemos a debida distancia. Y era mucho que no se realizaba.

Hay la mirada que rescata, que devuelve dignidad a la persona; hay la mirada que experimenta compasión, ternura frente a quien está desorientado tomando a pecho su vida; hay la mirada que ama gratuitamente, que no se impone, sino que abre siempre, frente al otro, una nueva posibilidad de vida; hay la mirada sin palabras que va en profundidad y hace la verdad; hay la mirada atenta que aprecia a quien tiene el coraje de dar todo; hay una mirada que jamás se cansa de perdonar y tener confianza.

Lo que más llena mi atención es la mirada de muchos pacientes que inspiran esta reflexión. Muchos de ellos ya no hablan pero parecen entrar en contacto con nosotros con su mirada y su sonrisa.

Tal vez tenemos que volver a aprender este arte aprendida desde niños y olvidada; para comunicar no necesitamos siempre y únicamente de palabras.

Es el desafío de la belleza y de la fragilidad de nuestra cotidianidad: saber reconocer la presencia de Dios en cada situación de nuestra vida, aun cuando se hace difícil reconócerle y leer en ellos la esperanza

Encontré en estos días un testimonio de un sacerdote amigo, Sergio Stevan, que afirmaba:

“Sueño una ciudad habitada por personas que sepan levantar y depositar su mirada sobre los demás con afabilidad y gratuidad, sueño caminar por nuestras calles encontrando miradas corazones, que sostengan y animen, miradas que abran a encuentros”.

“Aunque no abra la boca, puedo hablarles con los ojos…

Mirándoles en los ojos puedo decir si en su corazón hay paz o no.

Hay personas que irradian alegría y en sus ojos se ve la pureza.

Si queremos la paz de la mente, observemos el silencio de los ojos”

(Santa Teresa de Calcuta)

LATEST WORK
NEWS HOSPICE
Mantente informado con todo el trabajo del Hospice
OUR CLIENTS